Pienso en las manos. Pienso en los brazos.
Hay dos cosas a las que les doy mucha importancia: Los abrazos y, por sobre todo, agarrar la mano de la otra persona. Siempre digo que no sé dar abrazos. Realmente, no sé darlos. Hay gente que me abraza de la nada y sin motivo, lo cual me llama mucho la atención y nunca entiendo cómo lo hacen y menos por qué. Sí, siempre analizando todo. Pero a mi me cuesta tanto abrazar a alguien, lo siento pocas veces y no lo hago ni la mitad. Entonces si me abrazan, a veces, me delata esa "palmadita" en la espalda que suelo dar cuando no estoy preparada para recibir ese abrazo. Es como diciendo: "Gracias, pero todavía no". ¡No lo hago de mala! Menos lo hago apropósito, no suelo darme cuenta, pero sucede que los abrazos para mi marcan determinadas cosas y no me gusta regalarlos. Siempre digo, también, que nunca me enseñaron a dar abrazos. En casa lo que menos sobran son abrazos. En casa sobra comida, sobra internet, sobra ropa, pero escasean los abrazos. Así que atesoro el abrazo con mi hermano por sus 20 años; atesoro el abrazo con mi vieja en la cocina y con mi viejo está pendiente un abrazo verdadero (no esos de risa que a veces me da). Pero sí, no sé dar abrazos. Es una lastima porque son hermosos, mucho más aún que los besos. También es verdad que hay personas que se prestan a ser abrazadas y cuando descubro eso en las personas que quiero, probablemente los abrace demasiado. Entonces, ¿es un problema en mi o con las personas? A reflexionar. El otro tema son las manos. Que un flaco me agarre de la mano jamás pasa desapercibido en mi, es imposible que me agarre la mano y yo este jugando con las baldosas tranquila. Lo cual es bastante choto porque es probable que me agarró la mano "porque sí" o porque simplemente le pesaba y no tenía bolsillo. Siempre recuerdo esos momentos con los hombres importantes. Cuando tenía catorce años, el pibe que me gustaba me agarró la mano cuando íbamos caminando y a mi se me vino el mundo encima, me había dado cien besos y cincuenta abrazos, pero no importa, cuando me agarró de la mano fue un antes y un después. Lo más triste es que fueron unos segundos y terminó con un chiste de mal gusto. ¡Genio! La que tenía catorce era yo, pero bueno. No sé qué significan las manos para mi, supongo que lo relaciono con la unión, con algo que se mantiene, es como si el beso fuera algo que sucede y listo, dura poco, pero las manos van más allá, como si agarrarme se relacionara con sostenerme... No sé ¡Bienvenida locura!
Y eso es todo por hoy.
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