25/12/09

Yo te conozco bien, vos sos amigo fiel de lo que más me duele.


Todavía me acuerdo esa tarde, temblaba como cuando era chiquita y mi papá nos contaba cuentos de terror a mi hermano y a mi, bajo la oscuridad de la noche, acostados en la cama. Temblaba pero mi mente estaba en blanco; temblaba pero no entendía nada y menos podía pensar, estaba aturdida. Entonces él me miro, sus ojos fijos en mis ojos, su mirada estaba tan perdida como la mía, pero me ayudo a respirar hondo, como cada vez que hay algo en el pecho que me aprisiona, largue aquel suspiro como quien se resigna y se deja caer desplomado. Recobramos el sentido común, volvimos a mirarnos y pude ver como me pedía que me quedara tranquila, con total frialdad me planteaba la situación como algo común, como algo que tenía que pasar, hasta pude sentir que se burlaba de mi ingenuidad con una crueldad que lo caracteriza en momentos así, momentos que desgarraban, pero para él tan típicos en mi vida. No le niego que debe estar bastante cansado de situaciones así, siempre cuestionándole cosas que no me puede responder, hasta reclamándole, haciéndolo culpable de mis desdichas... comprendo que este harto, pero muchas veces fue mi compañero de lagrimas, de soledades y hoy no le pedía menos que eso, pero su planteo fue diferente. Nada de llorar, nada de preguntas sin respuestas, nada de culpas o explicaciones. Respirar hondo y seguir, "aguantarse", esa era la consigna que me dio, la consigna para una soñadora empedernida que busca... y lo peor, encuentra.
Entendí y la acepte sin reproches, en aquel momento me parecía lo mejor. Me aleje de él, esta vez no creía necesitarlo, y me senté en la orilla de la cama pero estaba muy lejos de aquella orilla en la que horas atrás me sentía tan segura. Volví a respirar hondo y busque, en vano, tranquilidad para todo aquello que me invadía. Caí sin fuerzas en mi cama y sentí un gran río corriendo por mis ojos, lloré, grité... y nuevamente lo defraude a él, que seguramente iba a estar esperándome allí, ahora con lagrimas en los ojos, pero igual de fuerte y decidido. Parecía que quería desaparecer conmigo, simple fiel, siempre esperándome, mi querido reflejo.




"...A ti te estoy hablando a ti,

que nunca sigues mis consejos,

a ti te estoy gritando a ti,

que estas metido en mi pellejo,

a ti que estas llorando ahí,

al otro lado del espejo..."

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