18/5/12

TOMÁS

Nunca le dije a nadie, creo, a veces lo di por entendido, pero el peor día de mi vida fue el 23 de Septiembre de 2010. Y lo peor de todo es que no tuve un hombro para llorar, seguramente si lo solicitaba lo tenía, pero me hice la fuerte y guarde el llanto para mi almohada, un poco para mi familia, quizás.
Ese 23 de Septiembre se fue de la vida mi mejor amigo, mi hermano, mi compañero fiel, la alegría de la casa, el ser más lleno de luz y hermoso que existió: Mi perro. Tomás se llamaba, llegó un día de Diciembre, creo, cuando yo tenía cuatro/cinco añitos, y me acompañó durante toda mi infancia y adolescencia. No hay palabras, no existen, no las inventaron y jamás lo harán, para describir lo mucho que amé y amo a ese ser de luz. Quizás eso explique porque no entiendo a la gente que se atreve a hacer sufrir a un animal o porque hay tantos perros en la calle habiendo tantas personas en el mundo a las cuales colmar de felicidad, pero tampoco entiendo a aquellas que los quieren como un objeto, un juguete, una diversión, les cuento que son una VIDA, al igual que el hijo que engendraron o engendraran.

Al Tomi lo compraron mis viejos tras los reiterados pedidos míos y de mi hermano, ya que conocimos al perrito de la vecina y nació mi amor a primera vista con los animales (Gracias Shila! Que Dios te esté dando muchos mimos). Tomás era un collie (o como algunos lo denominan "Lassie"), un perro de raza que habrá salido unos cien pesos, que cosa horrible que uno de los seres más queridos por toda mi familia haya salido cien pesos, no hay un valor monetario para alguien que me cambió la vida, que me enseñó de crecer, es como pagar porque mi vieja me haya parido. Decir que "me salió cien pesos" es una falta de respeto para con mi perro, y toda la gente que anda comentando cuando le salió su perrito de moda, me da vergüenza, sepan disculpar, no se los voy a decir, pero internamente me la dan... Ah! Y bastante lastima también. Aprendí y mis viejos también, que un amor tan grande no tiene precio, y que un amigo no se puede comprar jamás. Hay muchos motivos más para no comprar "mascotas", pero me desvirtuaría del tema y me iría a un campo moral y de derechos de los animales que no corresponde en éste momento.
Retornando. Ese día perdí el aire y las lágrimas de llorar tanto. Cuando era chica siempre temía despertar y que mi perro no esté más, o irme al colegio y que eso suceda (sí, desde chica pienso en los finales con mucha anticipación), Dios me dio la oportunidad de que mi perro muriera en mi brazos, prácticamente. Es duro escribirlo y por esto mismo, contadas son las ocasiones que pude mencionarlo, al aire, con simpleza, contando la situación más difícil de mi vida. Digo oportunidad porque fui la última persona que vio, porque murió acompañado de alguien que lo amo desde que lo miro a los ojos, de alguien que entre varios perritos lo eligió a él (los demás eran muy juguetones y a mi, tan pequeña y frágil, me daban miedo, y él era como yo, tímido, con miedo ante al ser humano que es tan grande y aparentemente fuerte, pero él estaba lleno de amor), sé que a la vez fue fatal para mi, fue un golpe terrible, una imagen que nunca borro de mi cabeza, yo me sé desequilibrada emocionalmente muchas veces, sé que hay millones de cosas en la vida que no estoy lista para afrontar, y creo que la perdida de un gran amigo es una de ellas. Estaba sola, sola en mi casa, sola en el mundo, ante tal situación. Grité todo lo que pude, en un principio, pero me rendí para llenarlo de besos y de lágrimas. No sé a quién le grité, a Dios supongo. A todos los hijos de mil puta que se llenan la boca hablando de religión y te dicen que los animales no van a ningún lado... ¿Quién sos? ¿Victor Sueiro? Morite y contame. La primera parte es la que más me gusta. Perdón, perdón. Violencia.
En fin, más que el día que se fue, quiero recordar, en éste día que no tiene un choto que ver con nada (no necesito una fecha para recordar a alguien que vive en mi todos los días), toda la alegría que me dio sin necesidad de decir una palabra, yo sé que hoy soy quién soy porque él pasó por mi vida. Hoy lucho por los animales; voy a las marchas; hincho las bolas para ir a un refugio; saludos a los bichos por la calle; denuncio la violencia para con los animales; pido hospitales veterinarios públicos; soy vegetariana, y soy BUENA PERSONA, porque él me iluminó los días de mi infancia y mi adolescencia. Así que yo sé cual es la respuesta a la pregunta que muchos me hacen y otros tantos piensan respecto a por qué quiero tanto a los animales: Tomás. 

No veo la hora de llevarte en mi piel. Sí, me quiero tatuar sus ojos en la nuca, para saber que más allá de mis ojos de humano (ojos con prejuicio, maldad, mentira, etc), tengo ojos de perro que siempre van a mirar con esperanza.





¿A dónde vas?
¿Cómo saber si hay un lugar?
¿A dónde vas?
Porque te busco, te juro, te busco,
pero en tus ojos ya no estás.
Quiero llorar, quiero inventarme algo más,
quiero callar tantas voces,
tantos extraños a los que llaman dioses,
no cuentan nada, hablan de más,
inventan cuentos en los que dicen
que simplemente ya no estás...
Y si mi vida la pase con vos,
ya no importa, no podes decir ni adiós,
el corazón simplemente se para,
ya no devolves la mirada,
trece años se van a un cajón.
Y yo que no estoy preparada,
que soy una nena perdida en la nada,
que lloro y no sé que es vivir,
hoy me toca a mi dejarte ir,
y no sé si alguien me escucho
mientras te pedía por favor,
mientras te decía que no sé que hacer sin vos.
Ya te fuiste, me dije cien veces,
ya te fuiste, ¿pero dónde estás?
Me mirabas, te pedía perdón,
esto va más allá,
pero ahora ya no me miras.


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