...Y tiene los ojos rojos como sangre, aquella que sé que corre porque aún lo siento cerca, pero marrones como intentando luchar contra aquello que lo posee. Le digo que lo quiero y se molesta, le digo que lo amo y se sonríe, pero cuando se extinguen las palabras, o quizás simplemente se esconden, yo lloro y él me llama loca en sus pensamientos o me abraza y subestima el accidente, entonces yo soy su hija y busco en sus ojos, los cuales ya no están rojos, un consuelo para esta falta que desconozco...
Berenice Michelena.

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